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domingo, 3 de diciembre de 2017

El Cazador de Lluvias

El Cazador de Lluvias
 Por José A. Zambrano.

Con las manos juntas, abiertas hacia el cielo y los brazos extendidos, corría de un lado a otro intentando atrapar las gotas de agua de lluvia durante los aguaceros. Azaroso corría para acá y para allá, rebuscando en el aire, la mayor caída de agua, pero no conseguía llenar el cuenco de sus manos. De vez en cuando se detenía, cansado; jadeante se sentaba en el suelo intentando explicarse por qué no acumulaba agua alguna en sus manos, eso le extrañaba, aunque de inmediato proseguía su veloz carrera; cazando las gotas de agua de lluvia. A veces llegaba a los bordes de los aguaceros y enseguida regresaba para entrar de nuevo en el chaparrón. 
Cuando terminaba de llover se quedaba intrigado, como si le faltara algo muy necesario. Al instante de estarlo pensando comenzaba a correr sin rumbo, mirando al cielo, siguiendo el movimiento de cualquier nube o tras la sombra que ellas proyectaban sobre el suelo. Las nubes oscuras le llamaban poderosamente la atención y sin mirar donde pisaba corría en su persecución con la esperanza de recoger unas pocas gotas de agua de lluvia. Su afán aumentaba cuando se topaba con los grandes vendavales. Tantos truenos y relámpagos lo desesperaban, le inundaban el espíritu y sin saber qué hacer, detenía su carrera y de pié, levantando la cara se dedicaba a sentir el golepeteo de las grandes gotas en su cuerpo. Al final caminaba sin fuerzas, desanimado; pero al poco rato le volvía ese brillo extraño a sus ojos y emprendía su incesante búsqueda.

Un espacio plano, inmenso, las montañas altas, distantes y escasas hierbas mansas lo acompañaban en aquella amplia llanura y en el cielo, siempre existía, para él, un resplandor profundo; de día y de noche.

Vestía ropas de una misma tela, exageradamente pegadas al cuerpo; amarillentas curtidas, manchadas de lodo y sudor. Las piernas del pantalón; algo mas arriba del tobillo, las mangas de la franela hasta las muñecas y tan pegada al cuerpo que se le notaban las costillas. Porque era flacuchento, el tipo era muy flacuchento. Tenía el pelo largo, ennegrecido y abundante la barba y los bigotes. Se ceñía la frente con una tira delgada de tela color verde oscuro brillante, amarrada detrás de la cabeza. Siempre que corría, los dos extremos largos que sobraban de la tira de tela, se levantaban en el aire girando y flameando como animando al corredor. En la noche, en el cielo lejano bajo, su delgada figura resaltaba entre los resplandores de la luna grande.

Extrañamente, en las lluvias, las tiras no se mojaban, él si se mojaba, el agua le chorreaba por la ropa y por el largo cabello, y se le metía dentro de los ojos, pero eso no le molestaba para correr, ni tampoco sentía lo húmedo de la ropa, ni el frío de la brisa. Tenía corriendo muchísimos años, sus pies descalzos se habían acostumbrado a todo tipo de suelo; a las hierbas, a la arena, al lodo, a las abundantes piedrecillas.

-¿Qué quieres hacer con el agua de lluvia? –le preguntó una vez un campesino, intrigado por el empeño del cazador. Esa vez, descansaba recostado a uno de los horcones del volao de la casa del campesino.

- Debo regar mi jardín – contestó tranquilo.
-¿Y dónde está tu jardín?

- En estos momentos no lo sé, tengo tan mala memoria que hace muchos años, logré llenar mis manos con agua y cuando fui a regarlo se me había olvidado el lugar. Pero ahora lo conseguiré, estoy muy seguro de eso.

Al ver una nube blanca que pasó veloz, a muy baja altura, rápidamente se levanto y sin decir mas nada arrancó a correr tras ella.

“Ese jardín lo heredé yo de mi padre y no dejaré que se extinga, yo soy muy responsable, él siempre me lo decía: Tú eres mi hijo más responsable, mas justo, mas perseverante. La verdad es que tampoco recuerdo quienes eran mis dos hermanos, sólo sé que uno de ellos era más veloz que yo, corriendo y mucho más delgado que yo, eso es lo único que sé, yo lo sé, pero nunca lo vi. A mi otro hermano tampoco lo vi”.

Cuando pensaba en esas cosas, su semblante se tornaba serio, su padre se lo había enseñado; “los hombres deben ser serios, duros consigo mismos, deben imponerse una obra en su vida y llevarla a cabo”.

Y eso hacía él, se había impuesto una meta en su vida: buscar, conseguir agua para el jardín y si era necesario recorrer toda la tierra para llenar el cuenco de sus manos y regarlo, él lo haría; él, y le venían a su mente delirante: mil millones de árboles, selvas tupidas; inmensas, niños; muchos niños, jugueteando entre campos inundados de hermosas flores.

En una gigantesca tormenta de fuertes truenos y cegadores relámpagos, las enormes gotas de lluvia, rápidamente, le llenaron el cuenco de las manos, eso no le había pasado en muchos años. Con gran curiosidad se sentó en el suelo y se puso a observar el agua recolectada. La percibió cristalina, pura, inmaculada; algo venido de otros mundos; hermoso, misterioso, místico. Uno de los extremos de la tira de tela se le metió entre las manos y se mojó en el agua recogida. Enseguida pudo observar dentro del fluido, pequeños destellos de luces que titilaban en cierta armonía. Quedó maravillado de lo que pudo ver y tiró el agua sobre su cabeza dando saltos de contento. Agitando, levantando los brazos, gritaba su alegría. Algunas de las gotas, al caer tocaron la tira de tela de su cabeza y produjeron también chispas de colores. Después de un rato, ya calmado, pensativo se dijo:
- Debo estar cerca de mi jardín.

Siguió buscando aguaceros por mucho tiempo, ahora corría con una esperanza. Pero en una época hubo un sol tan fuerte que borraba todas las nubes y le mermaba el ánimo. A los días, a los meses, después de tantas y largas correrías, caminaba casi a rastras por la tierra seca, árida, desnuda. Su esfuerzo era grande, la falta de nubes se prolongaba y ya no veía los resplandores en el cielo que siempre lo acompañaban. Estaba a punto de perder su esperanza, pero de repente, se apareció un fuerte aguacero y con mucho esfuerzo, de nuevo se le llenó el cuenco de las manos. Como por encanto, inmediatamente le volvieron las fuerzas. Alegre corrió mientras lanzaba el agua hacia los aires. Las tiras de la tela que llevaba flotando detrás de su cabeza se empaparon y enseguida le aparecieron pequeñas manchas amarillas. Las tiras fueron también soltando pequeños trozos que al quedar sueltos en el aire, como aleteando, cambiaban sus vistosos colores. El se dio cuenta y se dijo:
“Debo estar cerca de mi jardín.”

Los días pasaban y el cazador se empeñaba en sus cacerías con nuevas fuerzas, como si estuviese comenzando su trabajo.

Una vez corría por sus prados debajo de una oscura nubazón, pero aun con la emoción y la velocidad que llevaba sintió la mirada de un niño que con sus grandes ojos abiertos le preguntó:

-¿Dónde vas tan deprisa? - y sin detenerse, él le contestó:

- Busco un aguacero, busco la lluvia en cualquier parte que esté, para llenarme las manos con agua y regar mi jardín.

El niño le sonrió. Lloviznaba y el corredor apresuró su carrera. Pero el niño tenía un solo calzado en uno de los pies y apoyando su pie desnudo en la hierba sintió el agrado de la frescura del agua.
El cazador también se dio cuenta de eso y se dijo:
 
“Debo estar cerca de mi jardín”.
Anduvo largo tiempo corriendo sin descansar tras una nube blanquecina muy cargada y prometedora de lluvia, esta vez llegó hasta un terreno bastante inclinado y ya había subido mucho. Sintió en el rostro pequeñísimas gotas de agua, rebuscó en el aire pero no llenó el cuenco de sus manos. Pudo distinguir, a lo lejos, entre la espesa neblina, extraños relámpagos diminutos y truenos lejanos, apagados, dispersos. Eran otros caminos, recordó su misión y rápidamente bajó a toda velocidad.
Persiguiendo otro aguacero llegó hasta el mar y ni cuenta se dio cuando caminaba sobre las olas. El aguacero se transformó en tormenta y rápidamente se le llenaron las manos. Alegre, como cada vez que eso sucedía tiró su agua al viento y las tiras de la tela se le mojaron. Al instante, las tiras soltaban largos trozos que en gran abundancia flotaban a lo lejos en el aire y caían al mar, pero también las tiras largaban cantidad de pedazos diminutos los cuales formaron una mancha verdusca que penetraba el océano. La aparición de una enorme ballena le hizo perder el equilibrio y sonriendo, el cazador cayó de espaldas tendido largo a largo sobre el agua. Las partículas verduscas le mancharon todo el cuerpo y pensó.
 
“Debo estar cerca de mi jardín”

En tierra, continuó su búsqueda y uno de esos días reflexionó, serio: ¿Qué pasará si cuando consiga un aguacero permanezco parado en un mismo lugar, sin correr?

Y así lo hizo en el siguiente aguacero que consiguió e inmediatamente las manos se le llenaron de agua. Contento, echó su agua al aire. Las tiras verdes se le multiplicaron, se alargaron y se le pegaban en todas partes del cuerpo. Algunas de ellas comenzaron a lucir pintas amarillas y al poco rato se cambiaban a rojo, a azul. Claro que él se contentó mucho más, pero notó que no podía moverse, se sentía pesado, sus delgados pies estaban sumergidos en el agua, en el lodo, en la tierra. Sus brazos se volvieron rígidos y cubiertos con la gran cantidad de cintas que le aparecieron. De su cabellera salían sueltas, alegres, más tiras pintadas, vivas. El sol le acariciaba el cuerpo y una brisa suave mecía sus tantos colores. Sintió que resplandecía. Contento sonrió y se dijo:

“Estoy en mi jardín”.
Fuente:
http://desdeeltocuyodelacosta.blogspot.com/2010_04_01_archive.html

Tocuyo de la Costa: Historia sobre el nombre del Tocuyo.

Historia sobre el nombre del Tocuyo.
Por José A. Zambrano.
Nuestra civilización aborigen; la América India, tiene mas de veinte mil años en estas tierras, y en ese largo estar, no afectó la madre tierra, la madre natura. En aquella forma de vivir nos incluíamos como otra parte mas de la naturaleza.


Después de la llegada de los europeos comenzó el deterioro de las plantas, las aguas y de todos los seres vivientes. En quinientos años los cambios han sido definitivamente drásticos en contra de las manifestaciones de la vida.

Millones de seres humanos desaparecieron llevándose con ellos secretos milenarios, miles y miles de ríos se han secado, la cantidad de vida vegetal y animal destruida es inimaginable.

Pueblos enteros fueron borrados de la faz de esta tierra. Decir Caribe, Caquetío, Jirajara, Mapubare no tiene mucha significancia hoy en día; ni en nuestras propias comunidades. La otra cultura impuesta así lo decidió y se nos acostumbró a no sentir esas palabras como las verdaderamente nuestras. Un desden, un desprecio tácito las cubre de inexistencia.

Pero está volviendo la necesidad del renacer indio, hoy la saviduría del indio se hace necesaria cada vez mas. La tecnología nos dominó y nos domina hoy, pero al parecer ese camino de apenas dos mil años no encaja con la permanencia de la vida en el planeta.

En Venezuela (que deberíamos cambiarnos ese nombre; en nuestra lengua tenemos tantos nombres hermosos para nombrarnos como grupos y como hermanos) deberíamos comenzar a escribir la otra historia de cada pueblo, de cada rincón para que vuelva la verdadera identidad. el esfuerzo que hacemos unos cuantos, en el caso del Tocuyo de la Costa, es considerable, porque nada sabemos de nosotros mismos, nuestra historia es muy corta; de ahoritica, de apenas cientos de años, porque hace 5.000 años aquí, según los europeos no había nadie, no había gente, y eso es lo que tenemos que comenzar a descubrir y darlo a conocer. Debemos permitirnos inventar... NUESTROS INVENTOS.

Las referencias sobre el vocablo Tocuyo hubo que rastrearlas desde el Tocuyo Lara y Barquisimeto donde contactamos a las hermanas Italia y Sonia Cámpora Betancourt quienes nos facilitaron los textos de Fidel. Desde Mèrida, nuestro extrañable amigo Ernesto Ruiz Guevara fue el contacto.

Según el Barinés de Puerto Nutrias Fidel Betancour Martínez (1897), en su libro Dialectos-Vocablos de Lenguas Caribes (1999), el vocablo TOCUYO (TO-QUY-YO) es de origen caribe y está compuesto por
TOO: Que significa claridad, luz del día, el sol, cometa, aerolito, estrella fugaz.
QUY: Animalitos muchos y feos (luciérnagas), batracios.
YO: Volar.

En el caso de los Tocuyanos de la Costa nuestra descendencia está ligada a los Jirajaras que ocupaban las riveras del río Tocuyo, bajando desde el Páramo Cendé por las cerranias de Trujillo y Lara hasta la costa caribe.

http://desdeeltocuyodelacosta.blogspot.com/2010_04_01_archive.html

Mitos de Chichiriviche: La Santica.

LA SANTICA
(Historia Mitológica de la Santica que se encuentra en el Golfete de Cuare)
Fotografia Aleida Serrano
Era una mañana radiante en el pequeño poblado de Chichiriviche en el Estado Falcón, el canto de las aves cubría cada rincón del paisaje, los arboles apenas se agitaban por la tranquilidad del viento y las aguas de la Bahía lucían como espejo reflejando al inmenso cielo azul.
Como siempre desde muy temprano los habitantes iniciaban con las labores del día a día, la casería, la pesca, la recolección y el trueque eran parte de las costumbres de aquellos que vivieron y que aun viven entre nosotros, los Caquetíos, los llamados Hijos del Sol y los Ciparicotes guerreros de gran fama, pertenecientes a los Caribes y primeros en enfrentar con valentía al imperio español. Todo parecía tranquilo y calmado, pero al otro lado del poblado en las tranquilas aguas del Golfete de Cuare nadie se imaginaba lo que sucedería ese día.
Dos frentes de batalla de tribus hermanas alistaban sus arcos, flechas, y lanzas para enfrentarse entre si y pelear por el territorio. Encontrándose listos ambos frentes en el Golfete de Cuare. Se dio inicio al conflicto y la violencia se describía en las teñidas aguas del lago por el derrame de la sangre de los guerreros. Habían pasado unos pocos minutos cuando de pronto una extraña brisa huracanada y un ardiente e incandescente sol que parecía precipitarse al lugar detuvo el sangriento conflicto. Los guerreros con rostros de asombro pero con mucho temor piensan que es su Dios Sol y que viene a castigarlos por tal situación, algunos inclinan sus cabezas en señal de respeto y adoración. En un abrir y cerrar de ojos una mágica luz destellante baja de lo alto y en medio de ella una hermosa mujer vestida de blanco, camina por la superficie del agua y abriendo sus brazos, exclama: ¡hijos míos… hermanos de una misma familia, la tierra por el que están peleando les pertenece a todos, juntos con sus riquezas. Ya no habrá mas conflictos entre ustedes y todo cuanto haya en estas tierras deberán compartirlas animales del monte, peces, aves, plantas y la rica sal. Hoy como señal de hermandad me quedare en lo alto de la montaña para bendecirlos con mi amor de generación en generación y con la sangre de vuestros hermanos marcare mi lugar como símbolo de nuestra alianza.
Desde ese momento la hermandad reino entre los pueblos aborigenes y el comercio fue prospero. Aun continúa  la hermosa mujer bendiciéndonos con su amor y brindando salud desde lo alto del Cerro de Chichiriviche y allí estará por siempre “LA SANTICA”.   
Autor: Profe. Frank Jhonattan Weffer Vásquez                                                                                Egresado de la UPEL - IPR “El Macaro”                                                                                        Cronista Historiador aficionado de Chichiriviche.

Leyendas de Chichiriviche: El Farolou.


EL FAROLOU
(El espanto del que nunca quiso hablar Domingo Gómez)
                                                          Fotografia Maribel Fernero
            Sucedió muchos años atrás en un pequeño caserío llamado Flamenco al oeste del pueblo de Chichiriviche, la luz artificial aun no había llegado en la comunidad y esa noche parecía mas oscura de lo normal, no se veía ni un alma y el silencia era temerosa.
            El pueblo de Chichiriviche quedaba a unos cinco kilómetros del caserío por los que los trabajadores acostumbraban marcharse antes de caer la noche, había también unos bares con muchachas muy bonitas que solían atender a los clientes muy bien, era inevitable que los días viernes después del trabajo los hombres de la región acudieran para tomarse unos palitos de aguardiente y pasar un rato agradable, otros en cambio entre copas y copas llegaban al extremo de emborracharse.
            Ese día fue el caso de Domingo Gómez, que luego de tomarse varias copas lo agarro la noche y decidió marcharse a su casa, algunos amigos y compadres que compartían con el, le gritaban  de una manera burlista ¡Compadre que le pasa ya esta borracho! ¡No se valla mi amigo que ya vienen las mujeres!, haciendo caso omiso, recogió sus cosas y se marcha acompañado solo con una carterita de aguardiente que había comprado en la mañana.
            Durante la semana diversos cuentos se escucharon sobre apariciones misteriosas, como la de una luz brillante pequeña que se veía en el horizonte y este que por momentos se acercaba pareciéndose una bola de fuego rojiza que dejaba impresionado a quienes se  encontraban con el. Algunos de los ancianos mas viejos del pueblo comentaban que era “El Farolou”, una bola de fuego que se transformaba de varios aspectos y que solo el que se burlaba de el, terminaba mal.
            Faltaba poco para que Domingo Gómez llegara a su casa, cuando comienza a ver una pequeña luz brillante en el horizonte oeste de la carretera, esto por momentos no parecía llamarle la atención al hombre, que no se imaginaba lo que la noche le aguardaba. Luego de un minuto la pequeña luz que en el horizonte se veía se tornaba cada vez mas cerca en forma de una bola de fuego. Domingo Gómez sin importar aquellos comentarios y consejos de los viejos del pueblo de los que tanto se comento durante la semana, exclamo varias frases poco recomendadas:
            ¡Cualquiera que sea el pedazo de loco que intenta asustarme, salga para caerle a coñazos!.
            ¡Salga pues cobarde!... ¡ Y si es el famoso Farolou salga pá que nos echemos unos palos, si no sale e un flojo y me tiene miedo!.
            Apenas terminaba de decir tales palabras, Domingo Gómez siente un intenso calor detrás de el, este al voltearse y ver semejante espanto, hecho un fuerte grito que hasta personas que Vivian en las casas mas apartadas del caserío lo escucharon, rompiendo con el silencio que había reinado durante la noche. Estaban sentados Don Ramón y Doña Bernarda en el corredor de su casa preocupados por la hora que era y nada que aparecía Domingo, al escuchar aquel grito estremecedor corrieron rápidamente al lugar acompañados de algunos vecinos, al llegar al lugar se encuentran al joven tirado en el medio de la vía, privado aun, su rostro parecía haber sido quemado con brasa y los ojos con la mirada perdida.
            Todos al ver aquella asombrosa escena, rápidamente supieron que se trataba del Farolou. Desde ese día, domingo Gómez mas nunca salió de noche y como todos aquellos que se han encontrado con el Farolou jamás quiso hablar sobre tal espanto.
Autor: Profe. Frank Jhonattan Weffer Vásquez                                                                                   Egresado de la UPEL - IPR “El Macaro”                                                                                           Cronista Historiador aficionado de Chichiriviche.

Fauna de Chichiriviche: Garza Blanca Real, Ardea alba

Garza Blanca Real, Ardea alba
 Garza Blanca Real, Ardea alba, Refugio de Fauna Silvestre de Cuare. Foto: Alfredo Allais
Es una de las garzas más ampliamente distribuidas por el mundo, es un ave grande de plumaje blanco que puede alcanzar el metro de altura y pesar arriba de 950 gramos. Se diferencia por el color del  pico amarillo y las patas negras, aunque el pico puede tornarse más oscuro y las patas más claras en la estación de cría. No presentan dimorfismo sexual. parcialmente migratoria; las aves del hemisferio norte provenientes de áreas de inviernos fríos se desplazan hacia el sur. Se reproduce en colonias en árboles cercanos a lagos de juncos o humedales.
Habita en humedales tierra adentro o costeros, se alimenta en aguas poco profundas o hábitats más secos, principalmente de peces, ranas, pequeños mamíferos, y ocasionalmente aves pequeñas y reptiles. Es una especie común, normalmente fácil de ver.

Fauna de Chichiriviche: Garza Chusmita, Egretta thula

Garza Chusmita, Egretta thula

  Garza Chusmita, Egretta thula, Refugio de Fauna Silvestre de Cuare. Foto; Alfredo Allais

 Es una pequeña garza blanca, los adultos miden usualmente 61 cm de largo y pesan 375 grs. un pico negro y delgado y piernas largas negras con pies amarillos. El área superior del pico frente  a los ojos es amarilla, pero se torna roja durante la temporada de apareamiento, igualmente presentan plumas curveadas en la espalda durante este periodo. Los juveniles son similares a los adultos, pero la base del pico es mas pálido, tambien presentan líneas verdes o amarillas que bajan por detrás de las patas.
Sus territorios de reproducción son grandes humedales ya sea tierra adentro o en la costa, desde los grandes lagos bajos y el suroeste de Estados Unidos hasta Suramérica, el rango de reproducción en la costa este de Norte America se extiende a lo largo del Atlántico y la costa del golfo, desde Maine hasta Texas y tierra adentro en  a lo largo de ríos y lagos. Anidan en colonias usualmente con otras especies acuaticas en plataformas hechas con ramas en árboles y arbustos. Los dos adultos incuban de tres  a cuatro huevos azul verdosos. El joven abandona el nido después de 20 o 25 días brincando por las ramas aledañas al nido hasta su partida.
En los lugares calidos permanecen en forma permanente, las poblaciones del norte  emigran  a America Central y a las Indias Occidentales
Se alimentan de peces, crustáceos, insectos y pequeños reptiles, en aguas superficiales revolviendo el fondo con sus patas para detectar las presas o permanecen inmóviles para emboscar; también desde el aire  vuelan a ras del agua con las patas apenas fuera de la superficie para zambullirse sobre la presa.
Egretta thula es un ave de  mucha presencia en la costa venezolana, distribuyéndose a través de los diversos humedales costeros igualmente a lo largo de nuestros  grandes ríos y del llano anegadizo en general.
Fuente:
http://www.costadevenezuela.org/?p=5152

Fauna de Chichiriviche: Garza Morena, Ardea cocoi

Garza Morena, Ardea cocoi

 Garza morena, Ardea cocoi, Refugio de Fauna Silvestre de Cuare, Estado Falcón. Foto Alfredo Allais

La Garza cuca o Garza Morena, Ardea cocoi,  es una especie de ave perteneciente al clado Ardeidae propia de Centro y Sudamérica.
Distribución
Se encuentra desde el este de Panamá por el norte hasta el archipiélago de Tierra del Fuego y las islas Malvinas por el sur, y en altitudes que rondan los 2000 msnm.[3] En Chile, un importante lugar donde se encuentran es en la reserva nacional El Yali.[4]
Comportamiento
Tiene hábitos diurnos, prefiere estar sola o en pequeños grupos. Por lo general anida y duerme en sitios comunales conocidos vulgarmente como garceros. Está asociada con humedales tanto salobres como dulceacuícolas.
Su vuelo es lento y elegante, lo realiza con su cuello recogido en forma de S, lo que las diferencia de las cigüeñas que lo hacen con el cuello extendido. Se alimenta por lo general de invertebrados, peces, reptiles y anfibios.
Esta garza fue muy perseguida en el siglo XIX por sus plumas, las cuales eran utilizadas para adornos domésticos y de alta costura.
Es un ave difícil de observar ya que es muy esquiva y arisca, retirándose de inmediato con un aleteo pausado y elegante apenas alguien comienza a acercársele.
Reproducción
Anida entre la vegetación alta y espesa o pajonales de lagos o lagunas, o en riscos; formando el nido con palos pequeños secos entrelazados con juncos y totoras, y colocando generalmente entre 3 y 5 huevos de color celeste claro.
Referencia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Ardea_cocoi
 
fuente:
http://www.costadevenezuela.org/?p=11293

Fauna de Chichiriviche: Playeros, Calidris sp., Parque Nacional Morrocoy

Playeros, Calidris sp., Parque Nacional Morrocoy

 
Parque Nacional Morrocoy, Foto: Alfredo Allais


- EL género Calidris, es el género de la familia Scolopacidae más difícil de identificar, especialmente en la identificación a primera vista de las especies C. mauri y C. pusilla .
En el mes de septiembre arriba el mayor contingente de este género a los humedales venezolanos; en el caso del  Playero semipalmeado, Calidris pusilla y el  Playero occidental, Calidris mauri, pueden concentrarse en bandadas de miles en las zonas intermareales de lagunas marino-costeras.
Referencia:
Gedio Marin Espinoza, Laboratorio de Ecología de Aves, Departamento de Biología, Núcleo de Sucre, Universidad de Oriente, Cumaná, Estado Sucre.
- Estas especies se encuentran juntas en las bandadas del El Refugio de Fauna Silvestre de Cuare, por lo general predomina C. pusilla. En  el caso del Estado Falcón, los meses de mayor concentración de estas aves es durante Febrero y Abril.
Referencia:
Sandra Giner Ferrara, Instituto de Zoología y Ecología Tropical, Facultad de Ciencias, Universidad Central de Venezuela

jueves, 16 de noviembre de 2017

Cayo Sombrero llora por la cicatriz abierta en su costado.

Cayo Sombrero llora por la cicatriz abierta en su costado.

Video: Cortesia – Cayo Sombrero.
Chichiriviche al día – Sección Ecología y Ambiente
 
Así como el sol se oculta en el ocaso y deja aparecer la oscuridad de noche, asi mismo esta ocurriendo con Cayo Sombrero la mas famosa del Parque Nacional morrocoy, y es que desde el 2010 con la vaguada y los llamados mal de fondo impactaron directamente en los arrecifes coralino de la zona este donde se encuentra la principal barrera marina, luego con los años el aumento de los vientos, las mareas y otros fenómenos naturales le abrieron una cicatriz al cayo que genero el ingreso del mar en la salina por lo que algunos especialistas ya están hablando de un Cayo Dividido en dos y mas adelante, la desaparición de gran parte de su área insular territorial.
Lo mas extraño es, que a diferencia de otros países que se abocan a la búsqueda de una posible solución paran evitar que se sigan produciendo daños irreversibles, aquí en Venezuela y en especial en IMPARQUES-MORROCOY no se esta haciendo nada a favor del Patrimonio Natural de la humanidad.
Ver imágenes fotográficas y el video.


Fotografía: Cortesía - Cayo Sombrero 2008

Un lugar paradisíaco llamado Cayo Muerto

Un lugar paradisíaco llamado Cayo Muerto

Un lugar paradisíaco llamado Cayo Muerto



El Aragueno / Cayo Muerto es una isla perteneciente al estado Falcón. Forma parte del Parque Nacional Morrocoy. Es la más cercana a la localidad Chichiriviche y con la mayor abundancia de palmeras.

Es un poco más pequeña que Cayo Sal, queda a 5 minutos del malecón, tiene igualmente abundantes palmas, posee servicio de restaurante y toldos, vendedores de ostras y artesanías, aguas tranquilas y arenas blancas, es también excelente para niños y ancianos.

  Comentarios Un lugar paradisíaco llamado Cayo Muerto

Con Información de El Aragueno